viernes, 13 de noviembre de 2015

"La muerte simbólica como entrada a la vida del pensamiento"

Conocerse a sí mismo implica tener en cuenta y manejar tanto las fortalezas como las debilidades propias. Todas las personas poseen cualidades que los definen, que les entregan una identidad única y los destacan positivamente. Pero, existen también aspectos negativos que forman parte de los individuos; características que muchas veces no los dejan alcanzar objetivos o los alejan de personas cercanas. Ambos factores son importantes al momento de hacer un análisis interno de cómo actúas frente al mundo, cuáles son tus metas o planes a futuro, qué te detiene cuándo deseas alcanzarlos, entre otras cosas. 

Por otra parte, las creencias o dogmas establecidos por la religión, sociedad o etnia particular, son elementos con los que se convive a diario, y de alguna u otra forma, influyen en todo ser humano. Estas convicciones muchas veces son tan poderosas en la vida de un individuo que no le permiten ver más allá de la cosas. Son certidumbres tan valiosas que son incapaces de cuestionarlas, por lo que no conciben otra manera de pensar. Ciertamente, nadie puede decir que son buenas o malas, ya que cada quién es libre de creer en ellas. No obstante, perjudican a las personas que quieren saber más y comprobar la realidad de las cosas explorando el mundo de la ciencia, dado que se vuelve necesario ponerlas en duda para desarrollar un pensamiento crítico y científico sobre dichos temas. 

Lo anterior es absolutamente imprescindible para comenzar a morir. Morir de una forma simbólica, despojándose de todo prejuicio, dogma o certidumbre que les impida conocer. Sin embargo, este "conocer" no se relaciona con saber quién eres, sino que, te invita a ingresar al mundo de las ideas. Allí, serás capaz de desarrollar el pensamiento, cuestionar situaciones o hechos que jamás te habías preguntado y, por sobre todo, lucharás para apartar la ignorancia de tu vida. Si bien, es un proceso muy complejo y no todos están dispuestos a realizarlo, es sumamente enriquecedor para la mente y la vida en general. 

En conclusión, es una decisión voluntaria que depende sólo de cada uno, por lo que si te conoces verdaderamente, sabrás qué es lo que quieres para tu vida: morir para vivir o vivir para morir